Si escribes... ¡Publicamos tu libro!
Grupo Editorial Belgeuse S.L. | CIF: B-81658866 | C/. Alberto Aguilera, 35- 28015 Madrid | (+34) 915489353 | Fax (+34) 915489352
…para un poeta creyente y de instinto solidario, como Carlos Muquitay, la elección de esta temática no es casual, es un canto a la vida, a la dignidad del hombre y a la esperanza.
El poeta se sirve de textos de escritores como Marcos Ana, Jesús Hilario Tundidor, William Blake, José Luis Martín Descalzo, Teodoro Rubio, Charles Baudelaire, Albert Camus y Aintzane García Gracia. Y hace dedicatorias de sus poemas a escritores como Nizar Qabbani, Adonis, Mahmoud Darwich, Roberto Juarroz, Ogsmande Lescayllers, Gerardo Diego, Blas de Otero, Pablo Neruda, Juan Gelman, Nicolás Guillén, Ana Istarú, Fernando Rielo, Emily Dickinson y María Zambrano. Y acude a personajes, talismanes de la utopía, algunos ya muertos, pero que continúan en el recuerdo a través de sus obras, ya escritas, ya testimoniales: Khalil Gibrán, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Héctor Gallego, Iván Betancur, Ignacio Betancur Sánchez -sacerdotes y religiosos asesinados por regímenes militares y paramilitares-, Mártires de Sidón y Gaza; Herman Hesse, Augusto Roa Bastos, Martin Luther King, Dom Hélder Cámara, Madre Teresa de Calcuta, Ernesto Cardenal, Jon Sobrino…
El testimonio de estas personas que han amado y algunos han sido asesinados por denunciar injusticias y acompañar al pobre, dan sentido a la fe y a la vida del poeta. Cristo en los pobres y en los que se entregan a los pobres, un Cristo liberador actual, no es un Cristo muerto, sino un Cristo vivo, que traspasa las barreras geográficas.
Uno de los rasgos constantes en la obra de Carlos Muquitay, y en este libro también persiste, es que escribe una poesía realista y profética: denuncia las injusticias y anuncia la esperanza de mejora de nuestro mundo con el empeño de todos.
El Hombre de la Voz Azul y el Cristo Rojo es un libro que comienza con la resignación del poeta (“si no puedo ser poema... / me contentaré con saber que mi nombre / lo musitará al unísono todo el universo / con amor, con alegría, con humildad”), y concluye con la afirmación y el convencimiento (“yo canto, no para que sepan /quién soy, sino para que escuchen / mi canción, la canten y la celebren...No sé quién mañana cantará por mí, / pues mi verso se convertirá en voz del pueblo”).Teodoro Rubio