La Obra:
OBERTURA
Quién, si yo gritara, me oiría desde las jerarquías
de los ángeles?
Rainer María Rilke.
Ángel mío:
¿A quién sino a ti
podría dedicar esta
humilde obra?
Tú, que penetraste en el
laberinto de mi soledad
para llenarlo del canto
sonoro del Mar.
Tú, que cubriste mis párpados
con las Alas del Silencio.
Tú, que me iluminaste
mostrándome el camino
de los genios.
Tú, mi Asta, donde flamea la
Bandera de la Libertad.
mi ofrenda es muy humilde,
lo sé, porque sólo es un
libro de Agua; un libro donde
mis soledades y delirios son
fantasmas errantes;
un pequeño cofre donde he guardado
con celo el incienso brahamánico.
Toma mis versos y conviértelos
en estrellas, o en ramos de flores.
¡Oh Ángel mío! ¿Quién soy yo
ahora que tú, eres mi todo?
Mi canto no dejará de resplandecer
mientras tu luz siga
avivando la llama del Amor, de la Libertad,
de la Convivencia y la Justicia.
Carlos Muquitay